Hace unos días, tras la muerte de la hermana Beatriz Macarro, recogimos su habitación en la residencia de Valladolid. Para las que no tenemos costumbre, fue un pisar tierra sagrada. Cada estantería guardaba un trozo de vida traducida en entrega, misión, oración, servicio, recuerdos y habilidades. Una mujer de muchos recursos tanto a nivel de educación como de pastoral. Después de su jubilación supo ocupar su tiempo libre en pequeños servicios comunitarios. Agradezco esta oportunidad de sentir que tomo el relevo, en vivo y en directo, con todo lo que cada Hija de Jesús supone para la Congregación y especialmente Beatriz con su legado histórico que nos ha dejado: la historia de nuestros orígenes en muchos tomos y “De la intuición… a la vida”, donde consigue entrar e intuir los pensamientos de la Madre Cándida en sus primeros, difíciles e ilusionados tiempos. Gracias.

Enriqueta Seva, FI

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