Pilar Brufal es una Hija de Jesús misionera. En 2017, marchó a Myanmar para apoyar al Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) siguiendo la recomendación de su Superiora General. "La propuesta me hizo mucha ilusión. Todo lo que sufren los refugiados y desplazados era algo que internamente me cuestionaba mucho y me dejaba intranquila. No es que mi trabajo de educadora en un colegio no sirviera… pero podía hacer algo más", nos cuenta.

Desde entonces, Pilar ha estado realizando labores de acompañamiento pastoral en Myanmar con desplazados internos por la guerra. "Ofrezco sobre todo apoyo psicosocial, protección de la infancia y educación emocional y sobre la paz y reconciliación. Son dinámicas y procesos para una sanación interior, generar resiliencia, verbalizar los traumas y favorecer la cohesión social".

Sin embargo, debido a la pandemia del coronavirus, recientemente ha ampliado sus funciones. "También preparamos materiales y recursos para que los niños puedan seguir estudiando en su casa. Impartimos educación formal y no formal porque dentro de los campos tenemos escuelas", explica la jesuitina. En función de las inquietudes que identifiquen en sus alumnos, profundizan en varios aspectos de la formación con los profesores y educadores y organizan diversas actividades. "Por ejemplo, yo pude trabajar el tema de la encíclica Laudato si y el cuidado de la casa común a partir de las dificultades que ellos me planteaban y hemos plantado árboles en el terreno de la escuela. Queremos integrarlo todo escuchándoles y potenciando sus inquietudes".

Un cambio de planes

En teoría, la estancia de Pilar Brufal en Myanmar iba a durar solo hasta marzo de 2020 y tenía previsto "continuar el mismo proyecto en Tailandia". No obstante, debido al impacto del covid-19 en la zona, estuvo esperando sin éxito seis meses para gestionar su visado. Mientras, JRS le permitió formar parte del equipo de Tailandia, con quienes se reunía todos los viernes por una videollamada a la que ella y sus compañeros se referían como "conversación espiritual".

"Allí hacíamos revisión de vida, el examen de conciencia de la semana y veíamos cómo Dios había pasado por nuestra vida. Estábamos viviendo la situación del covid-19 y el trabajo no era como antes, pero eso no nos podía paralizar. Teníamos que seguir acompañando a los refugiados y desplazados. Yo quería continuar", confiesa la Hija de Jesús.

Finalmente, la organización le sugirió "venir a España para hacer el visado e ir directamente desde aquí a Tailandia". Y aunque al principio se resistía, finalmente entendió aquel contratiempo como una oportunidad "para visitar a la familia, hacer revisiones médicas y compartir la misión de nuestras obras apostólicas".

Un Domund diferente

Actualmente Pilar está en España y, durante el tiempo que ha pasado aquí, ha celebrado reuniones a través de Zoom con los alumnos del Colegio Sagrado Corazón que las Hijas de Jesús tienen en Salamanca y visita a diario el Colegio Santa María de las jesuitinas de Elche. "Ha supuesto compartir algo que para mí es muy valioso: mi vocación. Ese sueño misionero que fue de Madre Cándida, nuestra fundadora. Pertenecer a la Congregación ha ido despertándolo en mí y dándole forma hasta llegar a Myanmar, que era algo que nunca había soñado ni había pasado por mi mente", revela la religiosa.

Ir por las escuelas dando testimonio ha supuesto un contraste fuerte para Pilar, especialmente cuando se acercaba el Domund porque "cuando trabajaba en los colegios he tenido que promover la campaña, pero esta vez yo misma he sido parte de ella". Aprovechando la oportunidad de hablar con los jóvenes, se ha centrado en transmitir los verbos acoger, proteger, promover e integrar. "El Papa ya los usaba en 2017 para referirse a los refugiados y me ha sorprendido encontrar de nuevo en la encíclica Fratelli tutti. Todos estamos llamados a ser misioneros en cualquier ámbito en la medida que hagamos esto, especialmente con los más desfavorecidos y quienes sufren una mayor situación de riesgo", detalla la Hija de Jesús.

Para Brufal, compartir su experiencia de vida ha sido especialmente significativo porque "Dios me ha ido trabajando y es algo que no te puedes callar, lo que has visto y oído es algo que necesitas compartir con otros". "Tengo el dedeo de transmitir a nuestros alumnos la universalidad de nuestra misión. Es como ser voz de los que no la tienen con el deseo de que tomemos conciencia de que todos seamos uno en esa aldea común que todos habitamos", añade.

Por último, la jesuitina considera que "ser misioneros toca nuestra vocación de bautizados desde la fe". Y aunque ha encontrado "personas en otras ONG como Acnur y Save The Children que hacen lo mismo por humanismo y una ética tan fuerte como la de un creyente, nosotros estamos llamados a hacer esto desde una visión misionera".

0
0
0
s2smodern
powered by social2s