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Desde hace tres años, los 22 colegios que antiguamente pertenecían a las Hijas de Jesús han pasado a ser coordinados por la Fundación Educativa Jesuitinas, una institución dirigida principalmente por laicos. Es un proceso común en los colegios ligados por órdenes religiosas, quienes han apostado últimamente por esta fórmula en respuesta al envejecimiento y la escasez en número de sus consagrados. No obstante, a pesar de este cambio organizativo, las Hijas de Jesús mantienen su carisma. Y según Ignacio Parajó, director general del Equipo de Titularidad de la Fundación Educativa Jesuitinas, "seguimos en la misma familia".

Uno de los riesgos que las congregaciones afrontan cuando se da un cambio de titularidad es que las fundaciones pierdan relación con sus miembros. Sin embargo, para Ignacio Parajó, la vinculación con las Hijas de Jesús está asegurada y mantenerla "no es una cuestión de esfuerzo, sino de atención". "Al igual que en una familia estamos atentos a lo que les pasa a nuestros seres queridos, en esta tenemos que estar atentos a los acontecimientos, a las noticias, y a otros miembros de la familia de las Hijas de Jesús", sostiene. Y pone como ejemplo la "labor de colaboración y ayuda" que la Fundación Educativa Jesuitinas mantiene con Fundación Ayuda Solidaria Hijas de Jesús (FASFI) o el trabajo coordinado con el Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional de la Congregación. "No podemos despistarnos porque esa relación hay que cuidarla, agrandarla y fortalecerla", reivindica.

Un trabajo en equipo entre laicos e Hijas de Jesús

A juicio de Parajó, "ahora mismo el papel de los laicos en la Iglesia tiene que ser diferente". Y considera el momento actual muy diferente al de hace algunos años, cuando "los laicos iban a remolque de los religiosos en parroquias, colegios y otras instituciones". "Ahora la Iglesia pide que los laicos asumamos un papel de liderazgo en la misión, que demos un paso al frente y digamos que también es cosa nuestra", sentencia convencido.

Sin embargo, este papel protagonista nada tiene que ver con la suplantación y el director general del Equipo de Titularidad lo tiene bien claro. Como tantas otras personas que han "vivido y trabajado codo con codo con las Hijas de Jesús", considera que el carisma de Madre Cándida supone una parte nuclear en su vida y ve dos retos en el horizonte. Por un lado, conseguir que haya más Hijas de Jesús porque "están trabajando a fondo y es una gozada contar con ellas en todos los colegios". Por otro, ante la ausencia de religiosas en alguno de los colegios, crear "una segunda generación de laicos que de un paso adelante y preguntarse qué vamos a hacer para que reciban esos valores".

Este último punto se está concretando en reuniones de las comunidades con los directores y encuentros con superioras locales "para compartir la vida de la Congregación, profundizar más y que eso nos haga fortalecer esa relación entre las labores educativas y las Hijas de Jesús". En estas reuniones, explica Ignacio Parajó, "trabajamos los aspectos institucionales de la formación para ver qué son las cosas que tenemos que cuidar y a las que prestar atención y tiempo". Todo con un objetivo bien claro, que los laicos tomen conciencia de "que la misión es también cosa nuestra, no solo como colaboradores".

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Un año más arranca el curso en el Colegio Mayor Montellano, inevitablemente será un curso distinto a cualquier otro, pero lo afrontamos con la misma ilusión de siempre y con más ganas que nunca para conseguir que vivir en Montellano sea algo inolvidable.

En un lugar conocido por el ambiente de convivencia, por la cercanía y por esa unión de la familia Montellano, nos planteamos cómo adecuarnos a esta nueva situación y, aunque no renunciamos a seguir trabajando unidos, esta vez lo hacemos bajo las premisas de nuestro protocolo COVID-19. Como medidas principales que se recogen en este protocolo está: el trabajo en grupos de convivencia, la creación de una comisión de seguimiento formada por representantes de toda la comunidad educativa y el diseño de distintos escenarios según la situación de la pandemia, incluyendo la limitación de aforos, el control del uso de espacios y la restricción horaria según cada escenario.

Bajo el lema Cuídate para cuidarnos a los demás lanzamos por todo el Colegio Mayor carteles que, además, de decirnos que hay que usar mascarilla y desinfectarnos las manos, nos recuerdan que estamos en un momento único y diferente en el que nuestro compromiso como jóvenes va a ir dirigido a cuidarnos para poder así cuidar a los demás y que Montellano esta vez se une para hacer de este Colegio Mayor un lugar seguro y comprometido con nuestra sociedad.

A las pocas semanas de llegar al Colegio, comienzan a salir los primeros síntomas, las primeras confinadas y las primeras positivas. Aunque era previsible, han tenido que pasar varios días y varias experiencias para asimilar que, durante un tiempo, esto va a ser así, pero como a todo hay que buscarle ese lado positivo, de lo vivido nos quedamos con ese sentimiento generalizado de colaboración, de solidaridad y de apoyo, que es capaz de sacar lo mejor de cada uno, cuando las cosas no son fáciles.

Esta pandemia nos trae muchas lecciones que, por supuesto, este año no desaprovecharemos para que calen hondo en nuestras jóvenes; apreciar lo realmente importante de la vida, agradecer cada día esas pequeñas cosas que tenemos a nuestro alrededor y valorar más que nunca a las personas que nos rodean, nos cuidan y nos acompañan en nuestro día a día.

Será un año distinto en Montellano, no por ello lleno de experiencias inolvidables…

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Hace unos días, tras la muerte de la hermana Beatriz Macarro, recogimos su habitación en la residencia de Valladolid. Para las que no tenemos costumbre, fue un pisar tierra sagrada. Cada estantería guardaba un trozo de vida traducida en entrega, misión, oración, servicio, recuerdos y habilidades. Una mujer de muchos recursos tanto a nivel de educación como de pastoral. Después de su jubilación supo ocupar su tiempo libre en pequeños servicios comunitarios. Agradezco esta oportunidad de sentir que tomo el relevo, en vivo y en directo, con todo lo que cada Hija de Jesús supone para la Congregación y especialmente Beatriz con su legado histórico que nos ha dejado: la historia de nuestros orígenes en muchos tomos y “De la intuición… a la vida”, donde consigue entrar e intuir los pensamientos de la Madre Cándida en sus primeros, difíciles e ilusionados tiempos. Gracias.

Enriqueta Seva, FI

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Para Ignacio Parajó, director general de Equipo de Titularidad de la Fundación Educativa Jesuitinas, "este está siendo un inicio de curso complicado". Debido a la pandemia del coronavirus, "los equipos directivos han tenido que hacer un esfuerzo enorme de organización en los colegios". Además, dados los cambios repentinos en los protocolos de seguridad de las comunidades autónomas, "los profesores han tenido que tener previstas tres o cuatro formas diferentes de organizar el colegio". Toda una vorágine de incertidumbres que, pese a todo, no ha impedido que los colegios pertenecientes a la Fundación den lo mejor de sí y, lejos de contagiar el virus, transmitan calma a las familias de los alumnos.

Esta tranquilidad no se improvisa de un día para otro ni es fruto de la ingenuidad. Según cuenta Parajó, responde a una serie de inversiones que los colegios han hecho en desdobles, material de higiene y un aumento considerable de la frecuencia de la limpieza de las aulas y pasillos. "La respuesta de los colegios ha sido muy buena, a la altura de lo que se espera y de acuerdo a lo que somos".

Al ser preguntado a qué se refiere exactamente con "lo que somos", el director general del Equipo de Titularidad se explaya. "En esta organización hay todo un planteamiento de acompañamiento a las familias, que es otro esfuerzo grande de los equipos directivos, tutores y el Equipo de Acción Evangelizadora ", presume. A su juicio, este hecho diferencial heredado de las Hijas de Jesús "es fundamental para que no nos despistemos ni dejemos de ofrecer a los niños un proyecto cristiano con un modelo de vida a que merezca la pena asumir". "Es para lo que estamos como fundación y para lo que los colegios existen", sentencia.

Parece un objetivo muy ambicioso pero, en el fondo, consiste simplemente en "conseguir lo mismo que otros años". "No nos podemos distraer con las cosas que suceden en el mundo, tenemos que dar respuestas adecuadas fundamentadas en presentar la persona de Jesús a los alumnos y eso se puede hacer sea la situación que sea", explica Ignacio Parajó. En su opinión, independientemente de la pandemia, la principal aspiración de los colegios "sigue siendo trabajar desde una óptica creyente para que nuestros alumnos sean personas autónomas, creativas y comprometidas".

Parajó hace un especial hincapié al decir creativas. No en vano, el lema que los colegios han escogido para este curso es Crea. Una máxima que "tiene que ver mucho con formar personas que generen un cambio" y va en línea con la llamada apostólica de la última Congregación General de las Hijas de Jesús, donde la ecología integral tuvo un gran peso. "Tenemos un trabajo planificado este curso en los colegios para incorporar el programa de la encíclica Laudato Si. Vamos dando cada paso que se pueda centrados en lo importante porque las circunstancias del mundo pueden ser muy cambiantes, pero nuestros objetivos tienen que ser los mismos".

El papel de los profesores

Al hablar de creatividad, es complicado no pensar en los equipos directivos y el profesorado de la Fundación Educativa Jesuitinas, quienes se enfrentan a diario a problemas nuevos en los colegios. "Ojalá la solución al coronavirus estuviera en nuestra mano, pero contribuimos con lo que podemos y no es poco", bromea Ignacio Parajó. A su juicio, frente a la dura situación que tienen por delante, los docentes están dando "una respuesta extraordinaria". "La totalidad de los profesores son personas vocacionales que están respondiendo a su convicción. Su foco principal está en el bien de los niños y, pensando en eso, son capaces de hacer esfuerzos extraordinarios", dice con orgullo.

Uno de los frentes que están abordando con mayor intensidad es el acompañamiento a las familias, una seña de identidad de toda la rama de espiritualidad ignaciana en general y de las Hijas de Jesús en particular. "Es normal que los padres estén nerviosos, en los medios de comunicación se hablaba mucho de un riesgo inminente de que las familias se contagiaran a través de los colegios", reconoce el director del Equipo de Titularidad. No obstante, considera que poco a poco las familias están comprobando que los colegios de las jesuitinas son seguros, "aunque eso requiera muchos encuentros con los padres y muchas reuniones". Según revela, se han multiplicado las comunicaciones por escrito, las entrevistas, las llamadas de teléfono... "Hay mucha conversación con los padres, mucha serenidad y mucha confianza. Al final hay que aprender a vivir esta situación con las medidas de cautela y protección".

Por último, lanza un mensaje a todas las familias, a quienes asegura que "pueden estar tranquilas porque las cosas se han hecho bien". Recuerda la rápida respuesta que se dio el curso pasado durante el confinamiento y subraya que, "aunque haya mucho ruido sobre el tema, en la vida diaria los colegios van respondiendo también a esa situación".

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Pilar Brufal es una Hija de Jesús misionera. En 2017, marchó a Myanmar para apoyar al Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) siguiendo la recomendación de su Superiora General. "La propuesta me hizo mucha ilusión. Todo lo que sufren los refugiados y desplazados era algo que internamente me cuestionaba mucho y me dejaba intranquila. No es que mi trabajo de educadora en un colegio no sirviera… pero podía hacer algo más", nos cuenta.

Desde entonces, Pilar ha estado realizando labores de acompañamiento pastoral en Myanmar con desplazados internos por la guerra. "Ofrezco sobre todo apoyo psicosocial, protección de la infancia y educación emocional y sobre la paz y reconciliación. Son dinámicas y procesos para una sanación interior, generar resiliencia, verbalizar los traumas y favorecer la cohesión social".

Sin embargo, debido a la pandemia del coronavirus, recientemente ha ampliado sus funciones. "También preparamos materiales y recursos para que los niños puedan seguir estudiando en su casa. Impartimos educación formal y no formal porque dentro de los campos tenemos escuelas", explica la jesuitina. En función de las inquietudes que identifiquen en sus alumnos, profundizan en varios aspectos de la formación con los profesores y educadores y organizan diversas actividades. "Por ejemplo, yo pude trabajar el tema de la encíclica Laudato si y el cuidado de la casa común a partir de las dificultades que ellos me planteaban y hemos plantado árboles en el terreno de la escuela. Queremos integrarlo todo escuchándoles y potenciando sus inquietudes".

Un cambio de planes

En teoría, la estancia de Pilar Brufal en Myanmar iba a durar solo hasta marzo de 2020 y tenía previsto "continuar el mismo proyecto en Tailandia". No obstante, debido al impacto del covid-19 en la zona, estuvo esperando sin éxito seis meses para gestionar su visado. Mientras, JRS le permitió formar parte del equipo de Tailandia, con quienes se reunía todos los viernes por una videollamada a la que ella y sus compañeros se referían como "conversación espiritual".

"Allí hacíamos revisión de vida, el examen de conciencia de la semana y veíamos cómo Dios había pasado por nuestra vida. Estábamos viviendo la situación del covid-19 y el trabajo no era como antes, pero eso no nos podía paralizar. Teníamos que seguir acompañando a los refugiados y desplazados. Yo quería continuar", confiesa la Hija de Jesús.

Finalmente, la organización le sugirió "venir a España para hacer el visado e ir directamente desde aquí a Tailandia". Y aunque al principio se resistía, finalmente entendió aquel contratiempo como una oportunidad "para visitar a la familia, hacer revisiones médicas y compartir la misión de nuestras obras apostólicas".

Un Domund diferente

Actualmente Pilar está en España y, durante el tiempo que ha pasado aquí, ha celebrado reuniones a través de Zoom con los alumnos del Colegio Sagrado Corazón que las Hijas de Jesús tienen en Salamanca y visita a diario el Colegio Santa María de las jesuitinas de Elche. "Ha supuesto compartir algo que para mí es muy valioso: mi vocación. Ese sueño misionero que fue de Madre Cándida, nuestra fundadora. Pertenecer a la Congregación ha ido despertándolo en mí y dándole forma hasta llegar a Myanmar, que era algo que nunca había soñado ni había pasado por mi mente", revela la religiosa.

Ir por las escuelas dando testimonio ha supuesto un contraste fuerte para Pilar, especialmente cuando se acercaba el Domund porque "cuando trabajaba en los colegios he tenido que promover la campaña, pero esta vez yo misma he sido parte de ella". Aprovechando la oportunidad de hablar con los jóvenes, se ha centrado en transmitir los verbos acoger, proteger, promover e integrar. "El Papa ya los usaba en 2017 para referirse a los refugiados y me ha sorprendido encontrar de nuevo en la encíclica Fratelli tutti. Todos estamos llamados a ser misioneros en cualquier ámbito en la medida que hagamos esto, especialmente con los más desfavorecidos y quienes sufren una mayor situación de riesgo", detalla la Hija de Jesús.

Para Brufal, compartir su experiencia de vida ha sido especialmente significativo porque "Dios me ha ido trabajando y es algo que no te puedes callar, lo que has visto y oído es algo que necesitas compartir con otros". "Tengo el dedeo de transmitir a nuestros alumnos la universalidad de nuestra misión. Es como ser voz de los que no la tienen con el deseo de que tomemos conciencia de que todos seamos uno en esa aldea común que todos habitamos", añade.

Por último, la jesuitina considera que "ser misioneros toca nuestra vocación de bautizados desde la fe". Y aunque ha encontrado "personas en otras ONG como Acnur y Save The Children que hacen lo mismo por humanismo y una ética tan fuerte como la de un creyente, nosotros estamos llamados a hacer esto desde una visión misionera".

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El pasado viernes 9 de octubre, las Hijas de Jesús y varias instituciones de su entorno se reunieron a través de una videollamada convocada por el Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional de la Congregación. Coordinados por el claretiano Luis Manuel Suárez Díaz, responsable del Área de Pastoral Juvenil Vocacional de CONFER, los asistentes a esta formación trabajaron conjuntamente la segunda línea de acción del proyecto de Pastoral Juvenil Vocacional, que lleva por título Animar la cultura vocacional.

Al encuentro asistieron el Gobierno Provincial y el Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional de la Congregación, así como el Equipo de Titularidad y la Presidenta del Patronato de la Fundación Educativa Jesuitinas. También estuvieron presentes las directoras de los Colegios Mayores Berrospe y Montellano y la coordinadora del grupo juvenil Alcor. La reunión contó con una presentación por parte de la Superiora Provincial, un encuadre por parte del Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional y una exposición de Luis Manuel Suárez Díaz, quien orientó la formación señalando que hoy día la pastoral juvenil vocacional ha de desarrollarse a través de las personas, estructuras, planes y proyectos teniendo de fondo la exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit.

El claretiano reforzó la exposición compartiendo su experiencia personal y poniendo ejemplos concretos que fueron de mucha utilidad para los asistentes. En comunión, estos se preguntaron qué logros han conquistado y los retos que aún tienen por delante.

La reunión también sirvió para reflexionar juntos, compartir los logros y búsquedas y también poner cara a las nuevas incorporaciones a los servicios Alcor y equipos de la Fundación y de las Hijas de Jesús.

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