EXAMEN DEL DÍA

El fin del examen es descubrir cómo Dios va estando en mi vida y la conduce a Él y a los demás. En todo y a través de todo Dios se quiere comunicar conmigo.

Convencidos de que Dios es el que siempre y en todo lugar está presente, lo podemos “buscar y hallar en todas las cosas”, en cada situación. Cada día está lleno de acontecimientos, impresiones, encuentros y estados de ánimo. Cada día contiene alegría, decepción, descontento, afanes, entusiasmo y mucho más. Algunos sentimientos son agradables, otros los eliminaría de mi día. Lo importante es percibir todo ello, sin juzgarlo. En el entusiasmo crece en mí el ánimo; en las decepciones me acerco más a la realidad; en el afán experimento mis límites, mis miedos. El me habla tanto a través del entusiasmo como de la decepción. ¿Cómo se me hizo Dios hoy presente? ¿Cómo me dijo que me ama? ¿A qué esperanza me llama mañana?

Si aprendo a descubrir su presencia en esta silenciosa voz, siempre avanzaré un poquito y seré cada vez más libre, más paciente, estaré cada vez más lleno de amor, para darlo.

El examen afina nuestro sentido para percibir, agradecidamente, sus huellas en lo cotidiano.